En nuestras vidas, es posible tengamos que atravesar inevitablemente situaciones complejas, dolorosas, confusas, angustiosas… Separaciones afectivas, soledades, duelos, conflictos relacionales y familiares, encrucijadas en momentos vitales, proyectos vitales que se truncan, crisis existenciales… En ocasiones, nos damos cuenta que en nuestras biografías arrastramos durante mucho tiempo pesos excesivos a los que no se ha podido hallar hasta el momento un cauce y un lugar que pueda aliviar el sufrimiento.
Y también es posible que tengamos que atravesar por situaciones de sufrimiento psicosocial que podía ser evitable. En las formas de relación social que impone el actual sistema de relaciones sociales, el capitalismo, no reconoce ni respetan, la vigencia del derecho de las personas a todos los bienes materiales e inmateriales que le permitan vivir una vida digna de ser vivida.
No es un efecto inesperado; es una cuestión fundamental, de los valores que fundan esas formas de relación social.
En el capitalismo, el valor fundamental es de la propiedad y el de las mercancías en el mercado; no el de los seres humanos en su dignidad.
Por eso, tenemos que pagar tanto por tener un techo donde guarecernos; por eso, se deja caer en el deterioro y la escasez servicios públicos básicos como la atención a la salud, o los servicios sociales, para que paguemos por esos bienes en el mercado. Y por eso tenemos que trabajar tanto por un salario que no nos llega para atender nuestras necesidades básicas.
Todos estos sufrimientos psicosociales derivados de unas condiciones de vida angustiosas presentan en su origen una singularidad normalmente invisibilizada: son un ataque a nuestra dignidad humana; podrían ser evitados, pero hay otros humanos, en situación de ventaja de poder, que no quieren.
En tales situaciones, un apoyo psicosocial nos puede resultar de utilidad para tratar dar mejor respuesta a nuestras necesidades, individual y colectivamente; desde nuestra interioridad, y en la acción colectiva en la vida social.