Las luchas sociales y políticas se desarrollan en espacios históricos y sociales especialmente vinculados con las relaciones de poder de un contexto dado. Afectan intereses, equilibrios, hegemonías, ventajas, privilegios, injusticias, dominaciones…
En consecuencia, quienes participan en luchas en favor de cuestiones como justicia, derechos humanos, cambios políticos emancipadores, alternativas al capitalismo, etc. cuestionan en ciertas medidas aspectos de esas relaciones de poder y, en consecuencia, se topan con la actuación represiva de los dispositivos al servicio de quienes ostentan privilegios y quieren mantener y hacer perdurar sus ventajas en la distribución de poder.
Esa actuación represiva tiene por objetivo producir unos determinados impactos psicosociales, y unos efectos de conducción de la conducta de las personas, los grupos, las organizaciones y la sociedad en su conjunto. Los daños psicosociales presentan por ello unas ciertas especificidades que conviene tener en cuenta, en su intensidad y profundidad . La lucha “por sí sola” no funciona como una especie de analgésico milagroso que alivia por completo todo dolor, restaurando lo dañado.
Por otro lado, encontramos que en muchas ocasiones las disciplinas psi imponen la normalidad imperante, patologizando las disidencias de quienes luchan por causas sociales. La hegemonía dominante en psicología, a través de sus dispositivos y agentes, pretende cambiar el comportamiento individual y grupal mediante un amplio surtido de “técnicas” y “herramientas” que cosifican a los seres humanos, a la forma de engranajes a los que les falta un tornillo.
La presión normalizada de las jergas neoliberales empresariales va calando cada vez más hondamente en la idiosincrasia de los movimientos contrahegemónicos: hay que “trabajarse” o “gestionarse” las emociones en cálculos de eficacia y resultados, y adaptarse inadvertida y funcionalmente al ritmo vertiginoso del tiempo del capitalismo. Más pronto que tarde, llegan más daños psicosociales, más intensos, a las personas y a los colectivos, un cansancio y desesperanza que lleva a la desmovilización y la fragmentación, que se individualiza y clasifica resignadamente como burn out con la funcional receta del comodín de la resiliencia…
Desde nuestra participación en esas luchas, ofrecemos acompañamiento psicosocial individual y colectivo para el afrontamiento de diversas problemáticas.